sábado, 4 de julio de 2015

Una guerra para perpetuar la muerte

Malvinas


Lo que en un principio fue disfrazado como la gesta patriótica del siglo y apoyada por una nación completamente cegada por la intervención de los medios de comunicación, fue en realidad una extensión más del régimen implantado por la junta militar que, por medio de su llamado Proceso de Reorganización Nacional, no solo había censurado a los jóvenes pensantes sino que también los había liquidado, y no dudó en utilizar la Guerra de Malvinas como un engranaje más de su máquina de muerte.

En su mayoría, los combatientes enviados a eran chicos sin instrucción militar, y que en su mayor proporción pertenecían a las clases populares y medias de todo el país, que no casualmente coincide con los rasgos de los desaparecidos en los centros clandestinos de detención, ya que la muerte era uno de los principales destinos asignados a los jóvenes de estos sectores sociales durante la dictadura.

Lejos del drama que vivieron nuestros Héroes, los días de guerra también permitieron dilucidar la apreciación que tenían los militares con respecto a las manifestaciones sociales, ya que a pesar de siempre haber reprimido ferozmente toda movilización de masas, hubo dos momentos muy precisos en los que establecieron un paréntesis en esta política de bloqueo: durante los festejos por el mundial de fútbol de 1978 y, justamente, durante la guerra de Malvinas, donde asumió un rol activo, sobre todo el 10 de abril de 1982, en la convocatoria de la manifestación que colmó la Plaza de Mayo. 

Si bien el golpe al haber sido cívico-militar y contar con el apoyo de grandes sectores de la sociedad, sería un reduccionismo afirmar que las movilizaciones que se desataron en todo el país durante los días de la guerra significaron un apoyo abierto a la dictadura, porque en definitiva el apoyo de la población se concentró, sobre todo, en la figura del grueso de los soldados que estaban siendo enviados a una muerte casi segura.

Asimismo, hubo movilizaciones espontáneas y organizadas en todo el país con distinto tipo de matices, algunos apoyaban la causa anti-imperialista pero se oponían al mismo tiempo al gobierno militar, otros no distinguían entre una cosa y otra, mientras que los más lúcidos veían que esta causa les permitía volver a la calle para hacer política.

Las consignas en las plazas revelan estas divergencias: algunos carteles decían “Las Malvinas son argentinas” y otros “Las Malvinas sonde los trabajadores y no de los torturadores”. En estas contexto, las Madres de Plaza de Mayo también mostraron sus palabras manifestando que "Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”.


De todos modos, el apoyo popular se concentró en la figura de los combatientes estaban siendo enviados sin instrucción y sin equipos apropiados, por lo que la población empaquetó y envió donaciones para estos muchachos, y en el caso de los niños y los adolescentes, enviaron, desde las escuelas cartas de apoyo dirigidas a un genérico “Soldado Argentino”.

La represión clandestina encarada por las Fuerzas Armadas durante los años 1976-1983 no sólo envileció a muchos de sus integrantes, sino que tuvo efectos degradantes para la institución, que no supo afrontar una experiencia para la cual supuestamente debía estar preparada: la guerra. Esta degradación terminó por obligar a la junta militar dejar el poder y dar paso a nueva era de democracia, pero eso sí, ya sin 30 mil almas que soñaban por ser libres.

Los sonidos que el Proceso no pudo callar

Música e historia


El rock llegó a la Argentina como un producto de exportación por la influencia de Elvis Presley, Bill Halley & The Comets, y despertó en los artistas locales las ganas de hacer un nuevo tipo de música, pero el verdadero quiebre se logró a partir de la ruptura del género tradicional alcanzado por un grupo no numeroso de jóvenes que asumieron una nueva filosofía de vida que se extendería por el mundo.

Las primeras manifestaciones de un nuevo ritmo se vieron potenciadas por la llegada de "The Beatles", que como consecuencia generó la aparición de programas televisivos como "Ritmo y Juventud" y "El Club Del Clan", donde se proclamaba el arribo de la nueva ola musical que descansaba en las figuras de Palito Ortega, Johny Tedesco, Jolly Land, Violeta Rivas, Nicky Jones, Chico Novarro, Lalo Fransen y varios más que fueron bautizados como "los asesinos del tango", ya que sus trabajos estaban orientados a la vanguardia juvenil del momento.

Pero el verdadero cambio no pasó por ellos, sino por los nuevos grupos musicales conformados por los jóvenes rebeldes e inquietos que inauguraría la cultura adolescente en la Argentina y postulaban unas nuevas reglas del juego, que consistía en tomar el nuevo mensaje musical y cantar en castellano los sentimientos y vivencias de quienes no estaban de acuerdo con el modelo aceptado socialmente.

De esta forma quedaba inaugurada la primera década del rock genuinamente argentino que, entre 1967 y 1977, fue encabezado por bandas como Los Gatos Salvajes, Los Beatniks, Manal, Almendra, Los Abuelos de la Nada y muchos artistas más que se sumaban al género y añadían sus propias ideas, sueños y convicciones, como fueron los casos de Vox Dei, Arco Iris, Pedro y Pablo, La Barra de Chocolate, Pappo’s Blues y La Pesada del Rock and Roll.

Para entonces, la incipiente música argentina era denominada "Beat", pero aún no había pasado la prueba de fuego, ya que acercándose el '78 se dio el periodo conocido dentro de la industria musical como la "Gran Crisis", que coincidió con los peores años de la dictadura militar y con la desaparición de los grupos más importantes.


Cuando todo parecía perdido, y hasta el solista de la protesta predilecto a nivel nacional, León Gieco, también tuvo que exiliarse en el exterior, unos acordes de esperanza comenzaron a resonar en las tumultuosas calles porteñas que parecían acaparadas por las celebraciones por el mundial de fútbol que actuaba de pantalla a nivel mundial sobre las miserias que estaba viviendo el país. Este nuevo fenómeno fue Serú Giran, que recatando la energía y el encanto de la canción, plasmó en sus letras el fiel reflejo de una realidad agobiante, lo que logró la adhesión del público en los recitales.

Durante la Guerra de Malvinas entendida como un proceso de enfrentamiento y derrota en el campo de batalla, nació una de las etapas más oscuras de la historia argentina y a la vez una de las más brillantes del rock nacional, debido al reflotamiento del mismo por parte de los medios de comunicación, la consecuente caída del gobierno de facto y la reapertura política decretada por el Proceso, que a fin de cuentas significó el momento de auge de la canción contestataria.

Esta reacción era lógica después de tanto tiempo de censura, ya que el gobierno de facto había silenciado muchos sentimientos y la gente estaba ávida de escuchar, y los músicos ansiosos por decir. De esta forma los rockeros, que fueron perseguidos, censurados, reprimidos, golpeados y temidos por la dictadura militar, comenzaron a apuntar su creatividad hacia nuevos horizontes que volvieron a inyectar a nuestra cultura de música extranjera.

La grandeza del nuevo milenio

Nosotros los Jóvenes quizás no tengamos una historia atravesada por un atropello golpista, no vivimos en carne propia la muerte matemáticamente planificada por un monstruo uniformado como lo fue Massera, pero si acompañamos el dolor revivido de nuestros colegas atemporales de los setenta tras los nueve años de la desaparición en democracia de Jorge JulioLópez.


Tal vez nosotros no nacimos para cambiar el mundo o no somos héroes que acudieron a las armas para enfrentar un gobierno de facto, pero aprendimos de los errores de antaño, porque pagar la injusticia ojo por ojo no es la solución y hoy unimos nuestras fuerzas para manifestarnos de forma pacífica en masas y generar un cambio profundo a nivel social, enseñándoles a los panqueques políticos quienes son los que realmente tienen el poder en la Argentina.

Esto quedó demostrado de incontables ocasiones, pero la más característica es la marcha al congreso que se realizó el pasado miércoles 3 de junio con el lema de "Ni una menos", que se configuró como una movilización masiva inesperada producto de una conciencia construida gradualmente durante años, donde el mensaje no solo hizo hincapié en los femicidios, sino también recorrió el machismo, la discriminación, la violencia, la desigualdad en particular y en general que la Argentina tiene como herencia desde mucho antes a todas las injusticias sociales vividas en los setenta.


También, los mayores nos viven menospreciando por nuestra falta de compromiso con la educación, con que no estamos dispuestos a hacer algo de nuestras vida, pero ignoran que el nivel de intelectualización en la Argentina ha avanzado enormemente en los últimos veinte años, ya que el 75% delos estudiantes somos la primera generación de estudiantes universitarios en nuestras familias. Lo que nos ha permitido adoptar un pensamiento más crítico frente a los mitos que son retratados a diario en los medios y buscan condicionar las decisiones.

Si bien nuestros amigos no fueron los que sufrieron el toque de queda, la censura política, los secuestros, las torturas, los fusilamientos, ni los vuelos de la muerte, no somos ignorantes. No señor, somos bien consientes de nuestro deber, porque tenemos 30 mil razones para mantener la libertad. Gracias al sacrificio de nuestros padres y abuelos que lucharon, murieron y sobrevivieron los 70, de ahora en adelante les decimos que descansen, porque nosotros los Jóvenes seremos los guardianes de la democracia.


Un negocio redondo

Breve historia económica del medio más poderoso del América del Sur


La denominación de cuarto poder a los medios de comunicación jamás fue puesta en duda, sobre todo teniendo en cuenta el avance del poderío ejercido, que a medida que fue ganando cada vez más terreno se ha convertido en el artefacto ideal moldeador de masas a nivel global. Por su puesto, la Argentina no es un caso aislado, ya que la existencia de un monstruoso monopolio mediático llamado Grupo Clarín ha logrado burlarse hasta del propio Poder Judicial.

El secreto fue aprovechar una serie de contextos políticos y económicos que le permitió a dicho Grupo tender su red multimedia por todo el país, siendo el inicio la década de los ’90 con la explosión neoliberal desencadenada por la gestión del ex presidente Carlos Menem y la aprobación de la Ley de Reforma del Estado y la Ley de Emergencia Económica, que permitían manejar con total libertad las políticas aplicadas a los medios de comunicación.

La medida tomada por Menem buscaba dotar de total autonomía al Poder Ejecutivo para hacer con la Ley de Radiodifusión, sancionada por el dictador Rafael Videla en 1980, todo lo que quisiera, por lo que las reformas establecidas se centraron en el artículo 65 que terminaron por permitir el remate de licencias de los servicios audiovisuales por parte del Estado.

Otra de las estrategias que convirtieron al Grupo Clarín en el multimedio más poderoso del país fue su estrategia matemáticamente planeada, que no solo se centró en la obtención de pequeños y grandes medios en la Provincia de Buenos Aires, sino que con los años fue adquiriendo otros en el interior de la Argentina, como es el caso del diario La Voz del Interior que funciona en Córdoba.

También fue astuto al aliarse con otro de los diarios más importantes como es el caso de La Nación, o asociarse con capitales extranjeros que le permitieron expandir su alcance. Pero lo curioso es que a pesar de que otros grupos también se beneficiaron económicamente por las medidas tomadas en el gobierno de Menem, ninguno logró acumular tanto poder junto como Clarín que hoy en día es considerado el multimedio más grande de Sudamérica.

Ni siquiera Telefónica, que también se dedicó a concentrar medios en su poder, o los nuevos grupos empresariales que empiezan a aparecer en la escena mediática como por ejemplo Indalo o Veintitrés, pueden competir en igualdad de condiciones con la empresa que en su mayoría accionaria perteneciente a Ernestina Herrera de Noble.


Si bien con el gobierno de los Kirchner hace ya seis años se llegó a sancionar la nueva Ley de Medios que podría fin a la omnipotencia de estos medios de comunicación capaces de instalar fácilmente la agenda de los ciudadanos, los diversos grupos encabezados por el gigante Clarín parecen tener la fuerza suficiente como para frenar una Ley aprobada por el Congreso Nacional, dejándonos como única esperanza que en el futuro un mal negocio los haga caminar por la cornisa teniendo que ceder a lo decidido por la democracia.