Sin obedecer la orden de Cristina Kirchner y del PJ sobre reducir la
lista de aspirantes a la presidencia, la mayoría de los postulantes
kirchneristas ratifican sus candidaturas.
A
pesar de los incesantes intentos por parte del oficialismo de mostrarse como un
bloque fuerte y sin fisuras, en el que todas sus figuras políticas se muestran
solidarias entre sí, la polarización de los candidatos y su mayor independencia
a los pedidos de la presidenta, dejan entrever a la población como el Frente
Para la Victoria (FPV) se fue fraccionando, algo que en definitiva no es
extraño, porque no hay nada de novedoso ni de flamante en las constantes
divisiones del peronismo.
Momentos
de unión como lo fue el 17 de octubre de 1945 no parecen asomarse en el
horizonte actual de la política argentina. Para ese entonces cerca de 300 mil
manifestantes auto convocados se aglomeraron en la Plaza de Mayo para exigir la
liberación del General Juan Domingo Perón, quién horas más tarde unió a las masas
entonando las estrofas del himno nacional y aseguró que iba a ser candidato
para las elecciones presidenciales, lo demás es historia.
Con
Perón llegaron las medidas laborales y sociales que convulsionaron la realidad
preexistente, y el economista Enrique Silberstein especuló, allá por los ’70,
que el peronismo conservaba vigencia básicamente gracias a esas movidas
iniciales, pero que luego de eso no se habían lanzado nuevas medidas.
Hoy
en día, la pelea nacional impulsada por las elecciones ejecutivas llevó a que
no haya una unificación de listas, ya que todos se desentendieron del pedido de
Cristina Fernández de Kircher. Este es el caso de Daniel Scioli, Florencio
Randazzo, Agustín Rossi, Segio Urribarri y Jorge Taiana, muchos de los cuales
lograron instalar su figura política gracias a la presidenta.
Otra
cuestión que nos muestra el claro quiebre que se puede producir en la red de
confianza y apoyo que existe dentro del Frente Para la Victoria es el caso del
desplazo de la figura del vicepresidente Amado Boudou, cuya presencia, luego de
largos períodos judiciales por corrupción y malversación de dinero, fue borrada
por completo del contexto político y su nombre eliminado del discurso oficial.
Por
otro lado, representado al bloque del peronismo disidente con el Frente
Renovador, se encuentra el diputado nacional Segio Massa, también resultado de
las rupturas producidas años atrás en el oficialismo, y que, a pesar de haber
logrado la primera minoría en los comicios legislativos del 2013, parece haber
perdido fuerzas para la lucha presidencial y se espera una participación menor
en las urnas de su parte.
Las
divisiones y las pujas internas más o menos brutales al vaivén de las épocas,
son connaturales al peronismo, que desde 1983 han encontrado dique y cauce en
el sistema democrático. Pero luego, a partir del 2003 atravesó una etapa de
infrecuente estabilidad, que no dejó de lado los enfrentamientos internos que
han llevado a esa situación.
Es
así como hallamos el principal problema del peronismo hoy: corroborar su
existencia es más sencillo que explicar con rigor su perduración, porque el
verdadero peronismo murió con el propio perón, y lo que existe en la actualidad
es una versión desfasada que busca sobrevivir en un contexto de fraccionamiento,
cada vez más es más evidente para el electorado.

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